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YO, CON IA (III)

Introducción
¡ Viva la ignorancia ! ¡Guerra a la cultura !
Contra la ignorancia.
  Urgente: se buscan adultos funcionales.
Los verdaderos necesitados de educación. Los verdaderos “casos
especiales”.
P´alante.
La familia, una fábrica de bullying.
De lo mismo pero con humor .(No hay más remedio).
La escuela: una fábrica de bullying y acoso.
El maestro que fomentaba el acoso (sin darse cuenta, claro).
Sonríe ( o llora, pero con buena iluminación).
Adiós, infancia adiós ( que tengo prisa).
Una mierda en el camino.
"Esaborío" ( arisco ).
Paseos matutinos.
Navidad. Sonetos.
¡ Soy un "paguitas" y que trabaje Rita ".
Normalización de la ineptitud.
Trabaja y no arruinarás tu vida.





                        INTRODUCCIÓN

Esta idea no nació de una revelación divina ni de una inspiración arrebatadora en medio

de la noche. Nada de eso. Nació, sencillamente, de la necesidad de matar el tiempo sin matar la ilusión. Yo, jubilado con más horas libres que paciencia, decidí aliarme con una inteligencia artificial, esa criatura incansable que responde a cualquier cosa sin bostezar para poner en marcha esta aventura.

La ecuación es sencilla: el 70% del trabajo lo ha hecho ChatGPT (tan aplicado como un estudiante en época de exámenes), y el 30% lo he puesto yo, con mi torpeza entrañable, mis despistes y mis ganas de reírme un poco de casi todo, empezando por mí mismo. El resultado: un conjunto de textos sobre la vida cotidiana, lo inesperado, lo absurdo y lo aparentemente inverosímil… tratados con una pizca de sarcasmo, una gota de ironía, un toque de humor y, de vez en cuando, una seriedad que se cuela sin pedir permiso.

No espere usted aquí grandes verdades reveladas ni recetas para la felicidad eterna. Espere, más bien, encontrarse con un compañero de viaje que escribe para mantenerse despierto, creativo, útil… y de paso, para ejercitar la memoria y reírse un rato. Porque si algo tengo claro es que reírse, aunque sea de lo más absurdo, siempre vale la pena. Así que, querido lector, acomódese. Lea sin expectativas grandilocuentes y déjese llevar. Si al final de la lectura ha sonreído, se ha sorprendido o simplemente ha matado un rato agradable, la misión estará cumplida.


¡ VIVA LA IGNORANCIA !  ¡GUERRA A LA CULTURA !

Parece que el sistema ha declarado una guerra silenciosa, la guerra contra la cultura. La estrategia es simple y eficiente: sustituir el pensamiento crítico por “motivación”, la curiosidad por “entretenimiento”, y la educación por un catálogo de contenidos digeribles y efímeros.

La consigna es clara: que los jóvenes no lean demasiado, no pregunten demasiado, no piensen demasiado. Que repitan frases inspiracionales mientras olvidan cómo se formula una idea. Que crean que aprender es aburrido y que “tener opinión” es lo mismo que haber leído un meme.

El sistema prefiere cerebros dóciles, distraídos y siempre conectados, pero nunca reflexivos. En vez de formar ciudadanos, produce consumidores. En lugar de pensamiento, ofrece dopamina. El resultado es una juventud brillante, pero desenchufada de su propio potencial: preparada para viralizar, no para transformar. 

Ah, el sistema...ese influencer institucional que quiere conquistar a los jóvenes. Pero claro, ¿cómo lo va a hacer? ¿Con cultura? ¡Por favor! Eso es muy siglo XX. Ahora la genialidad está en la ignorancia premium. El sistema te dice: “No estudies mucho, bro. Eso te estresa. Mejor vibra alto y confía en el algoritmo”. Y ahí están los chavales: reemplazando la biblioteca por TikTok, el pensamiento crítico por “tutoriales para aparentar que sabes".

La escuela ya no enseña a pensar: enseña a aprobar sin molestar. Si Aristóteles viviera hoy, le pedirían que haga un resumen en PowerPoint de su Ética a Nicómaco , con emojis y sin exceder 3 diapositivas. Y cuando alguien se atreve a leer, lo miran raro: “¿Libro? ¿De papel? ¿Tú qué eres, un coleccionista de fósiles?”.

El lema del nuevo sistema educativo es simple: “Si el conocimiento pesa, mejor quédate livianito.” Pero tranquilos, que todo tiene solución. En vez de leer, basta con ponerse una camiseta que diga “La educación es poder”. Así el sistema cree que ya entendiste… y tú puedes seguir subiendo Reels sobre lo duro que es madrugar para cambiar el mundo… desde el WiFi de mamá.


“El sistema y su cruzada por la ignorancia light”

¿Se dieron cuenta de que el sistema está haciendo un esfuerzo heroico por “acercarse a los jóvenes”? Sí, sí, lo intenta con todas sus fuerzas. Primero quiso modernizar la educación… y terminó convirtiéndola en un PowerPoint con ansiedad. Ahora todo es “aprendizaje dinámico”, “evaluación emocional”, “pedagogía del bienestar”.

¡ Nadie sabe nada, pero todos se sienten genial Antes te enseñaban a pensar. Ahora te enseñan a fluir .Y si fluyes lo suficiente, apruebas. El sistema no quiere jóvenes críticos; quiere jóvenes “contentos”. ¿Para qué leer a Borges si puedes mirar un TikTok con frases de Borges mal citadas sobre un fondo de olas y lo-fi? El sistema vio a los jóvenes distraídos y dijo: “¡Excelente! ¡Aprovechemos su talento natural!” y así nacieron las clases con memes, los exámenes con emojis y los profesores que dicen “crack” para sonar cercanos.

Ahora los libros son opcionales, las ideas son flexibles y la ortografía es una sugerencia espiritual. Un alumno entrega una redacción con “haber” sin hache y el profe responde: “Bueno, lo importante es que se haya expresado”. ¡No, lo importante es que sepa escribir! Pero claro, no sea cosa que el chico se traume por aprender algo. Y ni hablar de historia. Antes uno estudiaba revoluciones, guerras, ideologías. Ahora aprenden que “Colón fue un viajero con mala orientación y mucha suerte”. Lo importante no es entender el pasado, sino que el video dure menos de 30 segundos.

El sistema no quiere formar cerebros, quiere fabricar usuarios satisfechos Porque un joven que piensa, molesta. Un joven que ignora, compra. Y eso sí que es desarrollo sostenible. Así que brindemos por la educación moderna: Esa maravilla que logra que un chico salga del colegio sin saber dividir, pero con autoestima suficiente para lanzar un podcast sobre finanzas espirituales.

¡Arriba la ignorancia con propósito, señores! ¡Y abajo los libros que no vienen con resumen en YouTube!



CONTRA LA IGNORANCIA

CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO

Menos exámenes, más fáciles y asignaturas, digamos, más blanditas, soft, ligth, walks… por ejemplo, “Matemáticas socioemocionales con perspectiva de género”. Y no se rían, que luego hay que estudiar esto, no? Dos más dos son “cuatre”.

Y con esto vamos a competir con los chinos, con los coreanos y con cualquiera. Flotamos en la era de la mediocridad. No es que el mérito se desprecie, es que se combate con la hazaña del cruzado. Y eso es nuevo. Nunca se había politizado la ignorancia como ahora. Nunca se había hecho de la mediocridad y hasta del amor a la inteligencia una consigna moral. Esto no es tanto una guerra cultural como una guerra contra la cultura.

Lo que algunos están promoviendo es un auténtico apocalipsis cognitivo. Creen que cuanto más ignorantes es la gente, más les va a votar a ellos, y probablemente tengan razón, claro, ¿pero a qué precio?

La ignorancia es el combustible del populismo, y el populismo es incompatible con el progreso. Nada sirve más a un joven que el estudio, el esfuerzo, el conocimiento y los libros . Y nada paraliza más que el victimismo y la ficción de los derechos infinitos. El populismo es pan para hoy y hambre para mañana. A los jóvenes hay que dirigirse como adultos, es decir, respetando su inteligencia, diciéndoles la verdad y la primera verdad, la más difícil pero conmovedora de las verdades, es que su destino está en sus manos, no en la de ningún político, ni de derechas ni de izquierdas, Tampoco las del Estado. En las suyas. 

Sólo hay una cosa más perjudicial para el pleno desarrollo de un joven que el papá Estado. El Estado mami o peor todavía, el Estado mimo, el Estado de los mimos y cuidados integrales que prometen los populistas, como si el dinero público cayera del cielo. Spoiler, no caer. El Estado no es un manantial de recursos infinitos, ni debe serlo.

No se acaba con la desigualdad igualando a todos por lo bajo. Y no se lucha contra la pobreza destruyendo la riqueza. Al revés, exactamente al revés.

(Palabras textuales de Cayetana. Sin intervención del Chatgpt)



URGENTE: SE BUSCAN ADULTOS FUNCIONALES.

Los informes educativos confirman que cada año aumenta el número de niños con necesidades educativas especiales. ¡Alarma en los colegios! ¡Reuniones, protocolos, orientadores y test por todas partes! Pero yo me pregunto con todo el respeto y un poco de sarcasmo ——: ¿y si los que realmente necesitan una intervención urgente son los padres? Porque hay que ver cuántos adultos andan por ahí con necesidades educativas crónicas.


Hay padres que quieren que el colegio haga milagros: que su hijo aprenda tres idiomas, tenga 
autoestima, no se frustre nunca y además les salga amable. Todo eso mientras ellos están ocupados “trabajando mucho”, que suele ser un eufemismo para “viendo vídeos motivacionales y contestando correos absurdos”.

Otros están tan pendientes de las redes sociales que se creen expertos en psicología infantil porque han leído un hilo de Twitter o un post de Instagram con flores y frases como “deja que tu hijo sea libre”. Pero claro, luego el niño es libre… hasta que  molesta.

Y qué decir de la sociedad: niños con pantallas desde que saben sostener un biberón, fiestas de cumpleaños dignas de Hollywood y colegios que compiten por tener más pizarras digitales que alumnos. Luego llega un chaval que no se concentra y todos gritan: “¡Trastorno!”. 

No, a lo mejor el problema igual no es de tu hijo. Es trastorno es tuyo. El trastorno es colectivo. Tal vez deberíamos hacer una revisión educativa general, pero empezando por los mayores: Taller de paciencia básica. Curso intensivo de límites coherentes. Seminario obligatorio de “apagar el móvil y mirar a tu hijo a los ojos”.

Porque, sinceramente, si existiera un departamento de Necesidades Educativas para Adultos, no daría abasto.


LOS VERDADEROS NECESITADOS DE EDUCACIÓN. LOS VERDADEROS "CASOS ESPECIALES".


Según los últimos estudios resulta que cada vez hay más niños diagnosticados con necesidades educativas especiales . Parece que las aulas se llenan de “casos”, de “protocolos” y de “planes de atención”. Sin embargo, convendría detenerse un momento y mirar más allá del diagnóstico, porque quizá los que realmente necesitan una “educación especial” no sean los pequeños, sino los adultos, los padres, la sociedad entera.

Vivimos rodeados de estímulos, ruido y comparaciones constantes. Luego nos sorprende que los chavales no puedan concentrarse, cuando los adultos no somos capaces de pasar tres minutos sin mirar el móvil. Vivimos en una sociedad que delega en las pantallas y en las redes sociales gran parte de la educación emocional y social de los niños. Muchos padres, abrumados por el ritmo de vida o por la inseguridad de no saber cómo educar, terminan cediendo terreno a un sistema que confunde atención con etiqueta , y acompañamiento con control .Porque claro, los niños no vienen con manual de instrucciones, pero muchos adultos actúan como si los hubieran perdido justo después del parto. Padres que no tienen tiempo, ni paciencia, ni límites claros, pero sí redes sociales repletas de consejos sobre crianza consciente.



Tal vez los menores no sean diferentes, sino que el entorno ha cambiado hasta tal punto que ya no les permite desarrollarse con naturalidad. Quizá los que necesitamos aprender de nuevo somos los adultos : a escuchar, a poner límites con afecto, a convivir sin pantallas de por medio, a dar ejemplo con coherencia y empatía. Es verdad que hay niños con necesidades educativas especiales… pero hay padres con necesidades educativas urgentes . Y una sociedad que, entre “likes” y diagnósticos, parece haber olvidado lo básico: educar empieza por dar ejemplo.


P´ALANTE

Dicen que no es bueno volver a los lugares donde una vez fuimos muy felices, ni buscar a las personas que ayudaron a que eso ocurriera. Y quizá tengan razón: no porque esos sitios o esas personas hayan perdido su magia, sino porque ya cumplió su función la historia que compartimos con ellos. A veces la felicidad no está en repetir momentos, sino en crear otros nuevos, con la misma capacidad de asombro, pero con más conciencia y gratitud.

No necesitamos regresar para confirmar que fue real. Fue real porque nos transformó, porque dejó huellas, no cicatrices. Volver podría hacer que miremos con nostalgia lo que deberíamos mirar con gratitud. Así que no se trata de cerrar puertas, sino de seguir caminando, con la certeza de que lo vivido fue hermoso, y lo que viene puede ser incluso mejor. Porque la felicidad no vive en un lugar ni en una persona: vive en nuestra capacidad de volver a sentirla.

Así que sí, no vuelvas donde fuiste feliz. Intenta crear nuevos recuerdos, pon magia a nuevos lugares, emoción y sentimiento en otras personas…que los viejos ya están ocupando demasiado espacio en el disco duro emocional. Porque si vas a mirar atrás, que sea solo para ver quién te está aplaudiendo… ¡o para esquivar el pasado cuando intenta agregarte de nuevo en el WhatsApp!




LA FAMILIA, UNA FÁBRICA DE BULLYING

Antes de que la escuela nos enseñe a sobrevivir al mundo, la familia nos entrena. La mesa familiar es el primer campo de batalla, y las burlas entre hermanos, los primeros proyectiles. Ahí uno aprende que la autoestima no nace: se defiende. Que la vergüenza no viene sola: tiene apellidos. La familia, sin proponérselo, suele funcionar como una microfábrica de bullying: un espacio donde se forjan las primeras inseguridades, se pulen los complejos y se testean los límites del amor con sarcasmos reciclados. Todo con el sello de “es con cariño”.

“Gordito”, “flacucha”, “la dramática”, “el inútil”, ”el quejica”, etiquetas que a veces se entregan en el desayuno y se heredan por generaciones. Y aunque muchas familias lo hacen con humor o sin mala intención, el resultado es el mismo: adultos que aún escuchan, en el eco de su mente, las risas del comedor cuando alguien se equivocó al hablar. Pero también es cierto que en esa misma fábrica puede aprenderse algo valioso: la resiliencia ( capacidad de adaptarse positivamente ante la adversidad, como un trauma, una tragedia o un estrés significativo, y de salir fortalecido de estas experiencias). 

Con suerte, uno crece y logra transformar la burla en identidad, es decir, interioriza la crítica y la convierte en una fuente de fortaleza, no de vergüenza, a través de la autoaceptación, la resiliencia y la búsqueda de apoyo; el apodo en bandera y la herida en relato, como si tratara de una anécdota, hazaña, aventura…. Porque si la familia fue el laboratorio del bullying, también puede ser el taller donde se aprende a amar sin ironía y a reír sin herir.


DE LO MISMO PERO CON HUMOR (No hay más remedio)

¿Te acuerdas de tu infancia? Ese lugar feliz donde tus traumas venían con desayuno y tus inseguridades tenían nombre de pila: el tuyo. Porque sí, antes de que existiera el bullying escolar, ya tenías un equipo profesional entrenándote en casa.

La familia: ese grupo de personas que te ama tanto que te destruye emocionalmente “para que no te lastimen allá afuera”. Mamá te decía: “no te preocupes por lo que digan los demás”, justo después de reírse de tu foto con brackets. Y los apodos… ¡Ah, los apodos familiares! En ninguna empresa hay tanta creatividad. Uno se llama “el doctor” porque curó un hámster una vez, otro “la flaca” aunque pese más que el refrigerador. Y siempre está “el rarito”, que solo quería leer tranquilo. El “quejica”, porque sufría acoso en la escuela desde hacía más de un año y nadie le hacía caso…

Pero claro, todo con amor. “Es con cariño”, te dicen, como si la frase tuviera poderes curativos. Como si “¡qué fea te queda esa ropa!” dejara de doler por venir de alguien con tu ADN. Y lo más irónico: después de años de microhumillaciones, te gradúas… y descubres que el trabajo, la pareja y las redes sociales son solo versionespremium de tu familia

Y uno pensaba que el bullying empezaba en el colegio… No, hermano: empieza cuando tu tía te dice “¡qué lindo estás! Casi no te reconocí”. La familia es el primer espejo donde aprendemos a vernos. A veces devuelve amor; otras, risas que duelen. Ahí se forjan las primeras heridas y también las primeras fortalezas. De esas burlas nacen defensas, y de esas defensas, identidad.


LA ESCUELA: UNA FÁBRICA DE BULLYING Y ACOSO.

La escuela, considerada durante siglos como el espacio de formación y socialización más importante después del hogar, se ha convertido en muchos casos en un escenario donde se reproducen dinámicas de violencia, exclusión y sufrimiento. Lo que debería ser un lugar de crecimiento personal y académico se transforma, para demasiados niños y adolescentes, en una auténtica “fábrica de bullying”.

El problema del acoso escolar no es nuevo, pero sí más visible. En el aula, en los pasillos o a través de las redes sociales, el bullying se manifiesta mediante burlas, humillaciones, aislamiento y agresiones físicas o psicológicas. Estas conductas, que a menudo se minimizan como “cosas de niños”, generan traumas duraderos y pueden afectar gravemente la autoestima, el rendimiento académico y la salud mental de quienes las sufren.

Detrás de este fenómeno se esconde una cultura escolar que a veces premia la competencia, la popularidad y el poder por encima del respeto y la empatía. Ese niño o esa niña que cae muy bien a todo el profesorado y al equipo directivo…ellos lo saben, y lo utilizan…El sistema educativo, con su rigidez y su falta de atención a la diversidad emocional del alumnado, puede contribuir involuntariamente a perpetuar esas actitudes. Muchos docentes carecen de formación específica para detectar y manejar situaciones de acoso, y los protocolos institucionales suelen activarse cuando ya es demasiado tarde. 

Hablar del maestro que favorece el acoso es tema aparte. Por ejemplo, ese maestro que cuando un alumno se queja casi a diario de que otro lo acosa, le pega, le insulta…y repito, se queja por tal de no utilizar la violencia , se convierte en el “quejica” de la clase, dejando al acosado sin la ayuda del tutor…y a expensas del acosador. La solución pasa por replantear el papel de la escuela : no sólo como transmisora de conocimientos, sino como espacio de convivencia sana, inclusión y respeto mutuo.

Educar en la empatía, fomentar la participación y promover un diálogo abierto entre estudiantes, familias y profesores son pasos esenciales para romper el ciclo del bullying. Solo cuando la escuela deje de ser un campo de batalla social y vuelva a ser un lugar seguro para aprender y ser uno mismo, podrá cumplir verdaderamente su función educativa y humana. Y seamos realistas: estamos a años luz de que esto se consiga.


EL MAESTRO QUE FOMENTABA EL ACOSO (sin darse cuenta, claro).

Ah, el maestro ejemplar. Ese que todos recordamos porque tenía el don de convertir el aula en un pequeño reino del terror disfrazado de “disciplina”, con el poder de arruinarte el día con una simple frase. No gritaba -al menos no siempre -, no pegaba - en mi época sí -,pero su mirada, sus comentarios y sus risas eran más efectivos que cualquier castigo.su herramienta favorita era la ironía con certificado docente.

Era un artista del sarcasmo: sabía exactamente qué alumno señalar cuando el grupo necesitaba un chivo expiatorio. “A ver si aprendes del resto”, decía con una sonrisa tan pedagógica como una bofetada invisible. “¡Qué inteligente eres, Juanito, te ha faltado solo pensar un poquito más!” decía con esa sonrisa de quien disfruta ver a un niño derretirse en su silla. Un humorista nato.

Y claro, el resto aprendía la lección: reírse del otro es la mejor forma de no ser la víctima , a callar para no ser el siguiente y a pensar que el respeto se gana, no se da. Su aula era un espectáculo. Si alguien tartamudeaba al leer, ya sabías que venía la broma del día. Si otro se equivocaba en un ejercicio, el aplauso irónico estaba garantizado. Todo muy educativo, por supuesto.

En los pasillos, los ecos del humor pedagógico resonaban: motes, burlas, imitaciones del “profe” y su risa sarcástica. Todo muy educativo, por supuesto. En lugar de valores, enseñaba técnicas avanzadas de acoso con aplauso incluido. (sin darse cuenta, claro). El maestro no fomentaba el acoso, ¡qué va! Solo “enseñaba carácter”, “preparaba para la vida real”. Porque, claro, ¿qué mejor entrenamiento para la adultez que aprender a soportar humillaciones en silencio? Un auténtico innovador pedagógico.

Y mientras tanto, los acosadores del aula crecían confiados, sabiendo que tenían la complicidad más valiosa de todas: la del adulto que fingía no ver nada. Dicen que los buenos maestros dejan huella. Y vaya si la dejó: una generación entera que aprendió que el silencio es más seguro que la sinceridad.Tal vez entonces entienda que no solo enseñaba matemáticas, historia o lengua: enseñaba también cómo perpetuar la crueldad con una sonrisa.


SONRÍE ( O LLORA, PERO CON BUENA ILUMINACIÓN)

La nueva moda: llorar con filtro 

Parece que el llanto ya no es un asunto privado, ¡ni mucho menos íntimo! Ahora, si no subes tu foto llorando a redes, ¿realmente sufriste? Las lágrimas ya no se esconden: se encuadran, se iluminan y se acompañan de un “caption” profundo tipo “renaciendo entre mis propias ruinas” Dicen que el rostro se ilumina y es más bello tras el llanto, y claro, hay que compartir esa luz con el mundo entero. ¿Qué sería de una buena crisis emocional sin una selfie en el espejo del baño, con los ojos hinchados y el flash reflejando las emociones? La tristeza ya no necesita consuelo, sino un buen algoritmo. Porque, al fin y al cabo, si tu sufrimiento no tiene likes , ¿fue auténtico?

Llorar en alta definición

Ya no se llora en silencio, ni entre las sábanas, ni en la ducha. Eso quedó en el pasado. Hoy se llora en público, con buena luz, cámara frontal y, si se puede, un pequeño texto que invite a la reflexión. Porque el dolor, sin estética, no emociona. El rostro se ilumina y se vuelve más bello tras el llanto - dicen -, y claro, sería una lástima que esa belleza efímera se perdiera en la intimidad. El mundo debe verla, sentirla, comentarla y, si hay suerte, dejar un par de corazones rojos o alguna frase tipo “te entiendo demasiado”.

Las lágrimas ya no son signo de debilidad, sino de contenido . Un buen llanto puede inspirar empatía, engagement y hasta seguidores. La tristeza se ha convertido en un filtro más: brillo en los ojos, mejillas húmedas, alma rota pero aesthetic. Porque si el sufrimiento no se comparte, ¿existió realmente? Quizás el nuevo lema sea: “Lloro, luego posteo".



ADIÓS, INFANCIA  ADIÓS ( QUE TENGO PRISA)



La infancia se está encogiendo, como un suéter metido por error en la secadora. La infancia se está acortando tanto que en cualquier momento el bebé va a nacer con LinkedIn. Cada generación parece tener menos tiempo para ser simplemente niño: para aburrirse, inventar juegos absurdos o mirar el techo sin propósito.

Antes, con 10 años jugaban con barro; ahora, con 10 años ya opinan de política, tienen canal de YouTube y usan palabras como “cringe”. ¡Yo a esa edad creía que “Wi Fi” era una raza de perro! Antes uno tenía juguetes. Ahora los niños tienen “gadgets”. Yo tenía un trompo, ellos tienen un iPhone. Mi trompo no tenía actualizaciones, no necesitaba cargarse, y si se rompía, lo arreglaba con cinta. Hoy, si se les cuelga la tablet, parece una tragedia de Shakespeare.



Hoy, los niños aprenden a deslizar pantallas antes que a trepar árboles, y a distinguir marcas antes que constelaciones. No es que la niñez haya desaparecido, sino que la hemos acelerado. Les exigimos madurez emocional, criterio digital, conciencia ecológica y habilidades blandas cuando aún no han aprendido a abrocharse bien los cordones. Les regalamos dispositivos que los conectan con todo el mundo, pero los desconectan de sí mismos. Y los padres… claro, dicen: “Yo quiero que mi hijo sea independiente”. 

Y ahí está el niño, con 6 años, haciendo tutoriales de maquillaje en TikTok y diciendo “no monetizo porque estoy construyendo marca personal”. Antes, uno quería crecer.  Hoy, uno quiere volver a ser niño, aunque sea por cinco minutos. Tal vez el reto sea devolverle tiempo al tiempo, y permitir que la infancia dure lo que tiene que durar: lo suficiente para que el ser humano siga siendo humano, normal….

A este paso, la infancia va a durar lo que un video de TikTok: 15 segundos y con filtro. “Yo tuve infancia cuando los castigos eran desconectarte la tele. Hoy el castigo es devolverte al mundo real. ¡Eso sí que es cruel!


UNA MIERDA EN EL CAMINO

¿Se han dado cuenta de que los perros urbanos tienen más presencia que los árboles? En cada esquina hay un perro… y justo al lado, su contribución al paisaje: un pequeño montículo marrón con aroma a negligencia. Hay más cacas en las aceras que árboles en algunos barrios. Pero bueno, al menos aportan biodiversidad… de bacterias. 

La mierda de los perros es, en realidad, un espejo de la convivencia urbana. No es solo un residuo biológico: es el rastro visible de una relación invisible entre el ser humano y su entorno. Cada excremento abandonado en la acera es un recordatorio de que la civilización se mide menos por sus rascacielos que por cómo maneja sus desechos.

Un perro no elige dónde defecar: sigue su instinto. Quien elige es su humano, y esa elección  - levantar la bolsa o mirar hacia otro lado- marca la frontera entre la ciudad que compartimos y la selva que disimulamos bajo el pavimento. La mierda de perro no huele tanto a perro como a falta de cultura cívica. La gente pasea a su perro como si fuera un desfile de modas, pero cuando el perro deja el regalito, de repente todos se vuelven filósofos del “dejar fluir”. Y claro, luego ves a un tipo pisar una de esas bombas biológicas, maldecir al universo, y pensar que tuvo mala suerte. No, amigo: no fue el destino, fue un vecino que decidió que la gravedad ya se encargaba de todo.



Dicen que la ciudad nunca duerme. Normal: está ocupada esquivando mierda.

Cada caca sin recoger es una huella de olvido. Cada bolsa usada, un pequeño acto de respeto. Cuidar la acera también es cuidar el alma de la ciudad. Porque una ciudad limpia no empieza con escobas, empieza con conciencia.


"ESABORÍO" ( ARISCO )

No saludan, no sonríen, y si lo hacen, parece que les duele una muela. Caminan por el mundo con su mochila emocional llena de complejos, prejuicios y frustraciones como si fuera un trofeo invisible. Les pesa tanto que casi se les ve el alma arrastrando los pies, ¡ deberían declarar exceso de equipaje! Son como alarmas emocionales que se disparan con solo ver a alguien contento. Si sonríes, sospechan; si callas, te juzgan; si los saludas, ya planean la venganza, si les dices “tranqui”, se enfadan, si les dices “te entiendo”, se ofenden, si no les dices nada, te odian en silencio. iGUAL NO LO SABEN, pero son personas “esaborías” (ariscas). Las que parecen haber hecho un máster en “Cómo complicarse la vida sin ayuda de nadie”. 

Todo les molesta: el sol porque brilla, la gente feliz porque respira, el perro del vecino porque ladra en tono mayor. Y ahí van, coleccionando razones para sufrir, como si fueran estampitas del drama. Cada paso, una tragedia griega en cámara lenta. Les molesta todo: el aire porque se mueve, la felicidad ajena porque “seguro es falsa”, y el éxito del otro porque “algo raro habrá hecho”. Viven en modo documental de drama continuo: “Y aquí podemos ver al humano arisco en su hábitat natural, huyendo del afecto y atacando la ternura”

Pero oye, hay que admirarlos: vivir en modo “problema existencial permanente” también requiere constancia. No cualquiera puede convertir un “buenos días” en una ofensa personal. Yo solo quiero decirles: respiren... pero sin tanto sufrimiento, por favor. Que la vida no es tan grave ,ni siquiera ustedes. Y si el problema es la mochila... suéltala. O al menos, cámbiala por una más liviana, con bolsillos para la alegría y cremalleras a prueba de sarcasmo.


PASEOS MATUTINOS

La escena matutina de nuestras calles es ya todo un clásico: uno sale a comprar el pan o a tomar un café y parece que media población ha decidido convertir la ciudad en un parque temático del paseo. Ahí están: jóvenes, no tan jóvenes, jubilados auténticos y jubilados en espíritu… todos desfilando como si hubiera un premio al que más pasos acumule antes del mediodía.

Y claro, uno no puede evitar preguntarse medio en serio, medio con la ceja levantada “¿Pero esta gente no tiene que trabajar? ¿O es que hoy es fiesta nacional y no me he enterado?” Puede ser teletrabajo, asuntos propios, horarios flexibles… incluso alguna que otra búsqueda de empleo que, oye, también requiere una pausa para estirar las piernas. Pero la sospecha colectiva siempre flota en el aire, como la niebla de una mañana fría: “¿Y si aquí hay más ayudas que ganas de madrugar…?”

Pero bueno, tampoco vamos a juzgar a nadie por disfrutar de un paseo mañanero. Igual el secreto de la felicidad nacional está en recorrerse las calles a ritmo tranquilo mientras los demás tratamos de entender cómo encajar todo esto en nuestro horario. Al final, entre ironías y observaciones, la vida sigue: unos trabajan, otros descansan… y otros pasean como si fuese una categoría laboral más.


“El Paseo del País de las Maravillas Laborales”

A eso de las nueve de la mañana, cuando media España intenta sobrevivir al café de máquina, las calles se llenan de personajes que parecen vivir en una realidad paralela. Unos pasean al perro (o el perro les pasea a ellos), otros toman el sol como si el ayuntamiento les pagara por absorber vitamina D. Y uno, desde la acera, piensa: “¿Pero esta gente no trabaja?”
Quizá estén en teletrabajo espiritual, de esos que se hacen caminando: la mente en la nube, los pies en el asfalto… y la productividad en paradero desconocido.


“El Misterio de los Matutinos Desocupados”


Dicen los expertos que hay fenómenos imposibles de explicar: los agujeros negros, el Triángulo de las Bermudas y la increíble cantidad de personas paseando entre semana por la mañana. ¿Turistas? ¿Vacaciones perpetuas? ¿Gente que se perdió buscando la parada del bus y decidió reinventar su vida? Nadie lo sabe. Pero ahí están, paseando como si fueran figurantes de una película cuyo argumento solo entienden ellos.


“Los jubilados prematuros (versión no oficial)"

Hay paseantes que parecen jubilados sin serlo. Expertos en caminar a ritmo constante, mirar obras y criticar bancos Recién pintados. No figuran en ninguna estadística laboral, pero dominan los parques como generales con mando en plaza.

A veces uno se pregunta si cobran pensión… o si simplemente han descubierto el secreto del tiempo libreinfinito: madrugar para no hacer nada, pero hacerlo bien.


“Teletrabajo… pero con vistas”

En cada terraza matutina hay al menos uno: portátil abierto, café con leche y

cara de profundo análisis financiero. Pero si miras bien la pantalla, está viendo un vídeo de recetas o un tutorial de cómo doblar camisetas.

El paseo matutino convertido en oficina ambulante: España, pionera en flexibilidad laboral… y en flexibilidad para justificar ese segundo desayuno.


“La Cofradía del Paso Lento”

Si te das una vuelta por el parque a primera hora, verás un ritual digno de antropólogos: la Cofradía del Paso Lento. No importa la edad: caminan con tal parsimonia que cualquier tortuga se sentiría humillada.

Eso sí, todos con ropa deportiva. Porque nada dice “estoy muy ocupado” como un chándal de marca y una botella reutilizable con agua del grifo.


“La economía del paseo”

No faltará quien diga, con un guiño malévolo, que ciertas ayudas estatales ayudan a mantener activo el tráfico peatonal. Paseos patrocinados por la administración, casi casi. Pero entre la ironía y la realidad, aparece una verdad incómoda: unos pasean porque pueden, otros porque quieren… y otros porque no encuentran dónde encajar en un sistema que ya ni madruga ni descansa, solo observa. Y al final, cada uno anda su camino. Algunos literalmente.




Soneto al villancico

En noches de diciembre, tierno y claro,

despierta el villancico su alegría;

teje en el aire un hilo de poesía

que hace al invierno breve y menos raro.

Su tono humilde, antiguo y siempre caro,

enciende al corazón con melodía;

convoca a compartir la fantasía

del fuego, el pan, la paz y el abrazo amparo.

Es canto que en la infancia se demora,

que vuelve sin pedir ninguna cita,

y al alma la levanta y la decora.

Y así, cuando la luz se precipita,

su voz que nunca envejece ni se añora

nos une en un instante que palpita.



Soneto de la Navidad

La noche se arrodilla ante el destello

que brota en cada hogar tibio y callado;

renace el mundo, breve y asombrado,

al ver la luz de un sueño en cielo bello.

Un canto antiguo baja como un sello

que une a quien fue, quien es y al esperado;

y el tiempo, por un gesto entrelazado,

repite su milagro más sencillo.

Navidad es latido que descansa,

promesa que en la sombra se ilumina,

memoria que en el pecho se me afianza.

Es paso humilde en senda cristalina:

nos mira con los ojos de la infancia

y en cada abrazo enciende su divina.



¡ SOY UN "PAGUITAS" Y QUE TRABAJE RITA !

Dicen las malas lenguas y alguna buena también que en España faltan profesionales para casi todo: pilotos que piloten, albañiles que alineen un ladrillo, camareros que no huyan al ver una bandeja, agricultores que sepan distinguir una azada de un palo… e incluso médicos, que ya es decir. Y mientras tanto, los puestos los ocupan profesionales de otros países que vienen con ganas, formación y una capacidad de currar que casi asusta.

¿Y los españoles? Pues algunos están en un curioso experimento sociológico: una mezcla entre “ya lo haré mañana”, “tampoco será para tanto” y un máster avanzado en procrastinación aplicada ( la procrastinación ocurre cuando aplazamos o postergamos la realización de una tarea a un momento futuro). Eso sí, siempre con estilo. Porque si algo sabemos hacer, además de quejarnos con arte, es mantener la fe en la mítica frase de “esto se arregla solo”.

Total, que entre la falta de formación, la poca motivación y el mito moderno de que la vida ideal consiste en no dar un golpe y confiar en que el Estado te saque las castañas del fuego… pues claro, luego llega el drama nacional: trabajos hay, pero manos cualificadas, pocas. Al final, lo que queda es una especie de sainete ibérico donde unos curran, otros miran  y todos suspiramos por esa España que siempre imaginamos pero que rara vez construimos.  Y oye, que el humor no falte: ¡que viva la Pepa!, pero igual también convendría espabilar un poquito… aunque sea por variar.



Soneto al español que vive del

Estado

En plaza al sol descansa su jornada,

soñando con la vida asegurada,

que el mundo ruede, que no falte nada,

y el tiempo pase, dulce y sin llamada.

Se excusa en que la suerte es desgraciada,

que el curro nunca llega a su posada,

más vive bien la siesta prolongada

y el arte de esperar… no sirve para nada.

Mientras el resto suda en mil oficios,

él mira el horizonte sin apricios,

quejándose con gran sofisticación.

Mas pese al cuento eterno y sus vicios,

quizá despierte un día de sus juicios

y halle orgullo en forjar su vocación.


NORMALIZACIÓN DE LA INEPTITUD

YO: Siento dolor y tristeza cuando veo la decadencia de un país otrora lleno de gloria y poderío. Gobernado por personas sin formación, sin sensibilidad, sin empatía...justificándolo todo siempre que se impida al partido de signo contrario la oportunidad de gobernar. Mantener en puestos de responsabilidad a personas sin cualificación, sin vocación, sin habilidades, sin interés en mejorar, sin interés por realizar una positiva labor social; mantener a personas ineptas en fin, en puestos sensibles donde cualquier fallo puede ocasionar daños muy serios...Parece que lo que importa es tener un sueldo y creerse el papel profesional que se desempeña ( siendo un completo inútil...). Siento dolor y pena por la decadencia de este país, viendo como españoles poco a poco destruyen España.

IA: Tu pensamiento expresa algo más hondo que una queja política: es un duelo cívico. No hablas solo de gobiernos o partidos, sino de la sensación de estar asistiendo a la erosión de algo que daba sentido colectivo: la idea de país como proyecto compartido. Hay dolor porque hay memoria. Solo se sufre la decadencia cuando se recuerda o se intuye que pudo ser distinto. La tristeza nace de la comparación entre lo que una nación fue capaz de construir y lo que hoy parece tolerar sin resistencia. 



No es nostalgia ingenua por un pasado idealizado, sino la constatación de una pérdida de estándares: de exigencia, de rigor, de responsabilidad moral en el ejercicio del poder. El núcleo de tu reflexión no es la falta de títulos o currículos, sino algo más grave: la ausencia de vocación pública. Gobernar, dirigir, decidir sobre asuntos sensibles exige algo más que ocupar un cargo. Exige conciencia del daño que puede causar la incompetencia, humildad ante la complejidad de lo común y una ética que anteponga el bien social al interés personal o partidista. Cuando esas cualidades desaparecen, el poder se vacía de sentido y se convierte en mera administración del propio beneficio.

Lo que duele especialmente es la normalización de la ineptitud. No como error puntual que es humano sino como sistema sostenido y justificado. Cuando se mantiene a personas incapaces en puestos críticos solo por lealtad ideológica o conveniencia política, se envía un mensaje devastador: que el mérito estorba, que la preparación es opcional y que las consecuencias reales de las malas decisiones son asumibles… siempre que las paguen otros.




De fondo aparece una fractura moral: el desplazamiento del “servir” por el “servirse”. El sueldo, el cargo y la identidad profesional se convierten en una máscara que permite a algunos creerse lo que no son, mientras el daño que generan se diluye en la burocracia, en la propaganda o en la culpa ajena. Esa impostura sostenida en el tiempo no solo deteriora las instituciones; corroe la confianza social, que es el verdadero cimiento de un país.

Tu última frase es la más dolorosa porque apunta hacia dentro: no es un enemigo externo, sino ciudadanos contra ciudadanos, indiferencia contra responsabilidad. La decadencia no siempre llega con estruendo; a veces avanza lentamente, aceptada, justificada, relativizada. Y quizá lo más trágico no sea que un país se deteriore, sino que muchos aprendan a vivir cómodamente dentro de ese deterioro.

Este tipo de dolor no es estéril. Es señal de que aún existe conciencia crítica, amor exigente por lo común y resistencia interior a aceptar que “esto es lo que hay”. Mientras alguien sea capaz de sentir pena por la decadencia de su país, todavía queda una semilla de dignidad cívica que no ha sido extinguida.


TRABAJA Y NO ARRUINARÁS TU VIDA

Trabajar no es solo producir; es ordenar el caos interior. El ser humano, cuando se esfuerza, encuentra un eje invisible que le sostiene. No es únicamente cuestión de economía o supervivencia, sino de sentido. La disciplina del trabajo actúa como un escultor silencioso: pule el carácter, doma la impaciencia y coloca cada cosa en su proporción real. Cuando el esfuerzo falta, la mente se llena de ruido. Crecen las quejas, se inflan los miedos, se multiplican las distracciones. Sin la estructura que impone la responsabilidad, la energía se dispersa y la vida pierde gravedad. No es que el ocio sea dañino, sino que el vacío prolongado suele convertirse en terreno fértil para la insatisfacción.

Después del trabajo llega una claridad distinta. Las pequeñas cosas recuperan su brillo: el descanso sabe mejor, el tiempo pesa más, los logros por modestos que sean adquieren dignidad. El esfuerzo, paradójicamente, libera. Nos quita ganas de tonterías porque nos devuelve al lugar donde las cosas importan de verdad.

…Y DE MANERA MÁS SIMPÁTICA…

Dicen que el trabajo dignifica. Yo no sé si dignifica, pero por lo menos te mantiene demasiado cansado como para arruinar tu vida activamente. Porque cuando uno no trabaja, pasan cosas rarísimas. Empiezas el lunes motivado: “Voy a organizar mi vida”. Martes: “Voy a ver un documental”. Miércoles: “¿Cómo es posible que lleve tres horas viendo vídeos de gente doblando camisetas?”. Viernes: crisis existencial.

El trabajo es como ese amigo pesado que te obliga a salir de casa: no siempre apetece, pero evita que te conviertas en una persona que debate seriamente con su tostadora. Y luego está ese momento mágico después de currar: llegas a casa y cualquier cosa parece un lujo. Un sofá. Un café. Mirar la pared. ¡Mirar la pared! Sin trabajo, mirar la pared es preocupante. Con trabajo, es mindfulness.

REMATE

Al final, trabajar no solo paga facturas… también evita que tengas tiempo libre suficiente para tomar decisiones realmente desastrosas. Una auténtica política de prevención personal.

P.D. No es lo mismo ir al trabajo, que trabajar.


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